La Unión Internacional de Magistrados expulsa a la delegación de México por apoyar la reforma judicial.
El 80% de los integrantes de la organización que promueve la independencia judicial vota a favor de echar a la CONATRIB en su asamblea anual ante las explicaciones insatisfactorias sobre el nuevo modelo


El respaldo a la reforma judicial le ha costado a la CONATRIB ―la Comisión Nacional de Tribunales Superiores de Justicia de los Estados Unidos Mexicanos―, la expulsión de la Unión Internacional de Magistrados (UIM), una organización que promueve la independencia judicial y alerta sobre las medidas que suponen una amenaza a ese principio. La elección popular de jueces y magistrados en México, que sustituyó de un plumazo a la mitad de la judicatura, a la espera del turno de la otra mitad, encendió las alarmas en la UIM desde que la idea comenzó a esbozarse. Este fin de semana, las reticencias hacia el nuevo modelo han llevado a eliminar a la delegación mexicana del organismo, que había mostrado su apoyo a la reforma gubernamental en junio de 2024.

El presidente de la CONATRIB, Rafael Guerra, quien es también el poderoso presidente del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México, afirmó en un encuentro en el Congreso que era indispensable reformar el poder judicial y que la judicatura no podía mantenerse ajena a ese impulso social. “A nuestra generación corresponde la gran responsabilidad de la transformación”, refirió entonces. Ese pronunciamiento fue muy mal recibido dentro de la organización, que ha estudiado desde entonces si debían o no mantener a la CONATRIB en sus filas.

Este no es solo otro golpe al prestigio del gran proyecto morenista de los últimos dos años, sino que es un varapalo también para Rafael Guerra, quien encadena su tercer y polémico mandato al frente del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México. Muy cercano a López Obrador y a la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, el magistrado dio el salto a la presidencia del TSJ en 2018, el mismo año en el que Morena se hizo con el poder federal, y ha seguido ahí desde entonces, tras intentar sin éxito contender en las urnas por un cargo de ministro en la Suprema Corte. No logró pasar el primer filtro de los seleccionadores, que era tener un promedio superior a 8, por lo que se quedó en su cargo.

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