NUC 201-2125-2102
JOSE ANGEL DE HOYOS MONTAÑO
«El 12 de febrero de 2025, aproximadamente a las 18:00 horas, un grupo de alrededor de 18 individuos, sin identificación ni insignias visibles, irrumpió violentamente en mi domicilio ubicado en Privada Encinos 468, Los Encinos, Ensenada. Forzaron las puertas, dañaron las cerraduras y destruyeron mi sistema de alarma.
Durante la irrupción, sustrajeron artículos personales como mi teléfono celular y otros dispositivos electrónicos, así como dinero en efectivo. Además, me esposaron, me insultaron y me agredieron físicamente.
Posteriormente, fui trasladado a un lugar donde se encontraban agentes uniformados con las iniciales AEI. Al llegar, me informaron que se trataba de una orden de cateo y que me detenían por la supuesta posesión de drogas (las cuales nunca me fueron mostradas), una motocicleta y un vehículo con reporte de robo, así como un casquillo percutido.
En este lugar, continuaron los insultos, el maltrato y la humillación. En ningún momento me mostraron la orden de cateo ni los objetos que supuestamente justificaban mi detención. Tampoco se me proporcionó alimento ni se me permitió comunicarme con nadie. Permanecí en esta situación durante aproximadamente dos días.
Después, fui trasladado en un vehículo cerrado a lo que parecía ser el centro penitenciario de la ciudad. Allí, nuevamente, se me negó el derecho a realizar llamadas y fui sometido a diversas humillaciones durante aproximadamente medio día.
Finalmente, se llevó a cabo una audiencia. Es importante señalar que, en todas las ocasiones en que se me preguntó si deseaba que mi información fuera pública o privada, solicité expresamente que fuera privada. En esta audiencia, me informaron sobre la existencia de una orden de cateo, la cual, hasta la fecha, no he podido consultar ni conocer su origen, motivación, objeto de búsqueda, si realmente correspondía a mi domicilio, quién la autorizó, etc.
Durante la audiencia inicial, se me imputaron diversos delitos que son fabricados (Sera cuestión que alguien se tome el tiempo de revisar el asunto y se darán cuenta). Sin embargo, mantuve la calma, confiado en mi inocencia. La detención fue calificada como ilegal por el juez y fui liberado aproximadamente a las 23:50 horas del viernes, tras seis horas de audiencia.
Al regresar a mi domicilio, encontré un sello con la leyenda «ASEGURADO» sin información de NUC o carpeta de investigación, y el lugar estaba acordonado con cinta roja de «PELIGRO«. Debido a esto, tuve que pasar la noche en casa de mi madre.
El lunes siguiente, acudí a la Fiscalía Narcomenudeo, donde fui objeto de burlas y me hicieron esperar aproximadamente cinco horas para informarme que el fiscal se había retirado y que debía regresar al día siguiente a las 9:00 horas para la devolución de mis pertenencias, mi teléfono celular y para determinar si mi domicilio estaba realmente asegurado. Esta situación se repitió durante toda la semana.
El lunes de la segunda semana, fui atendido por un individuo que recuerdo me leyó la declaración el día del incidente. Se trata de una persona de tez blanca, baja estatura, frente amplia, entradas pronunciadas, complexión media, de entre 26 y 30 años, y de actitud hostil. Me recibió en un cubículo ubicado a la izquierda de la ventanilla de recepción.
Tras revisarme y asegurarse de que no portaba dispositivos electrónicos, me invitó a su oficina y me dijo: «Cierra la puerta. Ya estamos en confianza… Mira, tu asunto sigue. Que estés fuera no significa que te hayas salvado… Además, si hay alguna llamada o algo, volveremos a entrar igual». Luego, me dijo tu familia debería tirarle una feria al fiscal y que con eso el caso seria desechado y mis pertenencias devueltas, asi como mi domicilio.
Le expliqué que las acusaciones eran falsas y que mi familia no contaba con los recursos para eso. Le pregunté si no podían distinguir entre una persona normal y un delincuente, a lo que respondió que lo que constaba en la carpeta de investigación era lo que importaba. Aunque me dio a entender asintiendo con la cabeza que sabia que yo no tenia nada que ver con eso. En pocas palabras que ya me había chingado.
Solicité información sobre el aseguramiento de mi domicilio y mis pertenencias, pero me indicó que debía regresar al día siguiente. Al regresar, tanto él como el fiscal me ignoraron. El auxiliar del fiscal, Meling, me informó de manera descortés que estaban ocupados y que debía regresar la próxima semana.
Durante las siguientes semanas, continué acudiendo a la fiscalía sin obtener respuesta. Solicité copias de mi carpeta de investigación y de la orden de cateo, pero me lo negaron, indicándome que debía solicitarlas a mi abogado.
Visite al Lic. Omar Rivera, de la Defensoría de Oficio, y se comunicó telefónicamente con el auxiliar del fiscal Meling, pero no pude escuchar la conversación. Posteriormente, me informó que sería necesario solicitar una audiencia y presentar las escrituras de mi propiedad. Sin embargo, no me ha vuelto a atender.
Después a ese día ya no ha estado, no responde a mis llamadas ni mensajes. He acudido diariamente a la Defensoría de Oficio para que me apoye y solicite audiencia y así aclarar la situación de mi domicilio, pero no he recibido atención.
Considero que esta situación es un abuso y que se me está negando el acceso a la justicia. Estoy agotado física y emocionalmente, y me siento víctima de abusos y burlas. Además, mi vida ha sido puesta en riesgo al ser boletinado como narcomenudista en los medios de comunicación, a pesar de haber solicitado la privacidad de mi información y de que mi detención fue calificada ilegal por un juez.
Solicito su ayuda para ser canalizado con las personas que puedan gestionar esta situación, ya que me siento indefenso ante el poder del Estado. Agradezco su atención y adjunto un video de la irrupción en mi domicilio.
ANEXO VINCULO A VIDEO DE IRRUPCION ANTES QUE DESTRUYERAN MIS ARTICULOS ELECTRONICOS.







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