Miembro del Cártel de Sinaloa confiesa que hay “miedo” por la presión de EEUU hacia el fentanilo

La presión que ejerce Estados Unidos (EEUU) sobre el Gobierno de México para frenar el flujo de fentanilo parece tener sus primeros efectos dentro de las organizaciones delictivas implicadas en la producción y tráfico de este opioide sintético.

Una de ellas es el Cártel de Sinaloa, considerada como una de las principales empresas criminales en estar detrás de la fabricación del fentanilo que es distribuido en territorio estadounidense. No obstante, la preocupación por el tráfico de esta droga se ha expandido a otro país norteamericano: Canadá.

Dicho operador delictivo fue identificado como “Pablo” para ocultar su verdadera identidad. Se indicó que forma parte de una “rama” del Cártel de Sinaloa, pero no se detalló si es miembro de la facción de Los Chapitos (liderada por los hijos de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán) o de Los Mayos (vinculada a Ismael ‘El Mayo’ Zambada).

Pablo, según los periodistas, está implicado en actos de narcotráfico, aunque también se dedica al sicariato. Desde un hotel en Culiacán (ciudad que es considerada como el principal bastión de la organización criminal), Pablo confesó que dentro del Cártel de Sinaloa hay “miedo” por la situación del fentanilo.

“El fentanilo es muy mortal. Incluso a mí me da un poco de miedo hablar contigo sobre el fentanilo”, señaló Pablo, quien cubrió su rostro con un pasamontañas y unas gafas de sol para no tener represalias.

El cártel tiene miedo porque la represión contra las drogas viene de Estados Unidos”, manifestó Pablo, quien aseguró que dentro de la organización hay colaboradores que prefieren no involucrarse con el tráfico de esta droga.

No obstante, hay un interés en seguir fabricando pastillas de fentanilo debido a las millonarias ganancias que se generan con ello. Los precursores químicos usados en su fabricación, explicó Pablo, proceden de China y pasan por Rotterdam, en los Países Bajos, antes de llegar a México.

Una vez en territorio mexicano, empieza su procesamiento en laboratorios clandestinos. “La maquinaria puede producir entre 50 mil y 100 mil pastillas cada dos horas”, explicó Pablo a los periodistas. Estas píldoras de color azul, además de ser enviadas a EEUU, también son distribuidas en Canadá.

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